Quinielaczytasz strone nr 739
-Y bien, ahora, ¿queréis que os diga una cosa? -repuso fríamente Athos.
-¿Cuál? -preguntó el inglés.
-Nunca deberíais gry karciane haberme exigido que me diese a conocer.
-¿Por qué?
-Porque se me cree muerto, porque tengo razones para desear que no magia se sepa que
vivo, y porque voy a verme obligado a mataros, para que mi secreto no corra por ahí.
El inglés miró a Athos, modelki creyendo que éste bromeaba; pero Athos no bromeaba por
nada del mundo.
-Señores -dijo dirigiéndose al mismo tiempo a teksty piosenek sus compañeros y a sus
adversarios-, ¿estamos?
-Sí -respondieron todos a una, ingleses y franceses.
-Entonces, en guardia keno -dijo Athos.
Y al punto, ocho espadas brillaron a los rayos del crepúsculo, y el combate
comenzó con un encarnizamiento muy natural entre gentes dos veces enemigas.
Athos luchaba con tanta calma y método como si estuviera en una sala de armas.
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